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No nos dejen solos: nos están matando, líder del sindicato de periodista en acapulco

Hay una escena que puede ser cotidiana: una persona en la mañana se toma un café y lee un periódico; o mira un noticiario en televisión, o escucha las noticias en la radio, o sigue a través de Internet la información de los últimos acontecimientos del día, de la noche o de la hora más reciente.
Para que esta escena pueda concretarse en la vida real se necesita la existencia de un periodista. Puede haber redes sociales, puede haber televisión o en general medios de comunicación, pueden ocurrir hechos en todas partes, pero sin periodistas, no hay noticias.


El periodismo cumple su cometido cuando un acontecimiento –digamos, por ejemplo, la erupción del volcán en Guatemala, o un enfrentamiento a balazos en la colonia Sinaí, o lo que ocurre en las campañas políticas- es hecho del conocimiento de personas que no estuvieron en ese lugar. Quien sí estuvo, o indagó lo que ocurrió, fue el periodista.


Por eso es válido afirmar que sin periodismo no hay democracia. Porque se requiere información para tomar decisiones. Es cierto que en el ejercicio del poder, los políticos cuentan con medios propios de allegarse información, pero el pueblo, el trabajador, la gente en la calle o en su casa, solo nos tiene a los periodistas.


Sin embargo en estos momentos el periodismo es un oficio de alto riesgo. De acuerdo con el registro de la organización Artículo 19, en lo que va del actual sexenio 42 periodistas han sido asesinados en el país, y 2 mil han recibido algún otro tipo de agresiones.
Solamente en mayo de este año, fueron asesinados seis periodistas en diversos estados de la República. En Guerrero, condenamos la agresión en días pasados al compañero de Chilapa Luis Daniel Nava.


Cuando el entonces presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico los periodistas, de por sí vulnerables por la exposición natural de nuestro trabajo, nos convertimos en un foco de agresiones. En Guerrero, fueron asesinados 10 comunicadores durante el gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo; dos desaparecieron durante el gobierno de Ángel Aguirre Rivero y al menos otros dos tuvieron que salir huyendo de este estado; en lo que va del gobierno de Héctor Astudillo otros dos han sido asesinados, al menos dos han tenido que dejar de manera forzada su región de trabajo y otros han recibido algún tipo de agresión violenta como Luis Daniel Nava, Zacarías Cervantes, Antonio Julián Chepe y Marcela de Jesús Natalia, quienes fueron atacados por desconocidos y tuvieron la fortuna de contarlo. Otros han sido agredidos por policías comunitarias, como los reporteros de Diario Alternativo Yaneli Fuentes y Fabián Ortiz Trigo, o los compañeros de Chilpancingo que fueron asaltados por alrededor de 100 presuntos sicarios cuando acudían a la Tierra Caliente a cubrir un conflicto armado. Hay otras agresiones que no se denuncian pero que han orillado a periodistas a emigrar en silencio.


A esto se ha agregado la tendencia a criminalizar a las víctimas sin que medie ninguna investigación confiable.


Por eso hoy es importante hacer importante hacer este llamado a la sociedad civil, a las organizaciones sociales: no nos dejen solos. La realidad, es que nos están matando. Cuando hemos denunciado las agresiones en contra nuestra y para demandar garantías a nuestro trabajo, ha habido voces que se han levantado para exigir que no haya para nosotros garantías que no se den a la ciudadanía en general. Hay quienes han visto en nuestra demanda, una petición de privilegios.
Pero no es así. Cuando pedimos garantías lo hacemos igual que cualquier otro gremio. Como los transportistas, a quienes hemos acompañado cuando han venido con el féretro de su compañero asesinado hasta este palacio municipal a exigir justicia; como los médicos, con quienes hemos caminado cuando los han estado matando; como los maestros, cuando bloquearon la Costera en demanda de seguridad y fuimos golpeados por la policía igual que ellos cuando vino el desalojo. Cuando un gremio demanda seguridad, nadie dice que estén pidiendo privilegios para ese gremio. Nosotros tampoco pedimos privilegios.
Pedimos seguridad como el ciudadano común que sale en la noche de su trabajo o que se desplaza a la colonia lejana donde vive, porque nosotros también salimos en la noche de nuestro trabajo y también vivimos en colonias lejanas. Pero además pedimos seguridad, sí, también cuando hacemos nuestro trabajo porque nuestro trabajo es de riesgo en la medida en que implica estar en el lugar del conflicto, implica afectar intereses que a veces ni siquiera imaginamos; pedimos seguridad adicional, sí, porque cuando hay una balacera la gente naturalmente corre y se aleja del lugar, pero nosotros corremos y nos acercamos. No es una cuestión de privilegios. ¿Saben quiénes estarán en el momento crucial de la próxima elección, al pie de lo que esté ocurriendo? Nosotros. Como los promotores del INE, que andan solos caminando, nosotros andamos también en la ruta de la elección. Hemos cubierto la petición de seguridad para ellos, y la pedimos también para nosotros.


A las autoridades les exigimos mayor compromiso, pero sobre todo creemos que se debe investigar y castigar los asesinatos de periodistas y cada una de las agresiones. Cada asesinato impune, cada agresión sin castigo, es una invitación a cometer otro. No sirven mecanismos de protección a periodistas, no sirve una fiscalía especializada, si no se acompañan con una investigación y el castigo a los responsables.


De veras, se lo decimos, con toda la responsabilidad y con toda la seriedad que eso implica, no desde una postura de privilegios, sino desde una necesidad, porque ustedes y nosotros, nos necesitamos. A la sociedad en general: no nos dejen solos. Nos están matando.


Hay otros temas necesarios para hablarlos en este día en que conmemoramos la libertad de expresión, y tal vez uno pueda ser los intentos de censura de parte de autoridades de distintos niveles, o las condiciones laborales en que desempeñamos nuestro trabajo, y también, por qué no, una reflexión autocrítica sobre nuestro propio trabajo, pero en este momento, como están las cosas, quizá sea lo más relevante hablar de seguridad, y por ello en esta ocasión solo nos limitamos a esto.
Nos están matando. No nos dejen solos.


• Palabras pronunciadas en el evento del Día de la Libertad de Expresión por Roberto Ramírez Bravo, secretario general del Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa, sección 25.


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